
Caminaban juntos, cerca, tomados de las manos, esperando uno al otro a que se animara a decir alguna palabra. Él se animó y le dijo que pararan a tomar un café que los hiciera entrar en calor. Ella accedió y pronto se encontraban enfrentados en un bar mirandose a los ojos en silencio. Poco a poco, las miradas, fueron desapareciendo. Ella fijaba su vista en cualquier lugar y él seguía mirándola fijamente. Las miradas ahora ya no eran las de antes. No eran miradas de amor, de deseo, y mucho menos de pasión. Se había desvanecido casi todo. Tomaron sus cafés en silencio sabiendo ya, que todo
había terminado, que no quedaba nada por hacer
y que había que irse. Se tomaron de las manos,
apoyándolas en la mesa y se miraron una última vez
con esas antiguas miradas,
que ya no aparecían con frecuencia en sus ojos.
Él pagó los cafés y salieron del lugar. Afuera se miraron
y sin pensarlo dos veces, se abalanzaron uno sobre otro,
hasta que se pudieron dar ese beso que habían estado esperando.
Uno más. Dos más. Un abrazo, y cada uno se fue para lados
diferentes, dándose la espalda. Ninguno volteó a mirar al otro.
Ninguno volvió a ver al otro. Miraban sus fotos con una sonrisa había terminado, que no quedaba nada por hacer
y que había que irse. Se tomaron de las manos,
apoyándolas en la mesa y se miraron una última vez
con esas antiguas miradas,
que ya no aparecían con frecuencia en sus ojos.
Él pagó los cafés y salieron del lugar. Afuera se miraron
y sin pensarlo dos veces, se abalanzaron uno sobre otro,
hasta que se pudieron dar ese beso que habían estado esperando.
Uno más. Dos más. Un abrazo, y cada uno se fue para lados
diferentes, dándose la espalda. Ninguno volteó a mirar al otro.
sin lágrimas. Lejos de estar tristes, estaban felices.
No estaban juntos, pero sí enamorados.
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